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Kids Return (1996), Takeshi Kitano
La adolescencia y su búsqueda del sentido
No hay posibilidad de concebir una propuesta que cause ruido si no eres capaz de romper el molde e ir más allá. El mundo del arte colinda con el reino del coraje. Así nos lo demuestra Takeshi “Beat” Kitano, subversivo en la propuesta pero que a su vez, se arraiga al profundo espíritu japonés para darle una nueva voz a la hermética sociedad que pertenece. Nació un 18 de enero de 1947 en Adachi, un barrio obrero del área metropolitana de Tokio. Desde pequeño que demostró una fuerte inclinación por no ceñirse al patrón de lo establecido, dejando a un lado todo interés por una profesión “respetada” para explorar la pintura (que aprendió de su padre) y el pandilleo juvenil. 
 
 
Kitano con Two Beats
 
Cuando parecía haber encontrado su norte como estudiante de ingeniería mecánica en la Universidad de Meiji, su inquietud por la expresividad fue más allá, abandonando su carrera para irse de gira con la compañía de teatro amateur France Theatre of Akasuka. En sus filas conoció a Kiyoshi Kaneko, con quién conformarían el dúo cómico Two Beats, especializados en el Manzai, perfomance humorística que consiste en hacer reír mediante un cruce dialectico entre el comentario ácido y el chiste rápido (Hibana: Spark, disponible en NETFLIX, nos muestra una historia bastante parecida). Eran los furibundos años 70 y la fama de Kitano no hacia más que aumentar, llegando a convertirse en presentador de TV y un actor en extremo respetado por el gremio. Ya inserto en la industria, se enteró de que el importante estudio, Shōchiku Company, se había quedado sin director para una película de cine Noir (género que gira en torno a hechos delictivos y criminales con un fuerte contenido expresivo y una característica estilización visual). Kitano vio una oportunidad en el rumor que llegó a sus oídos. Con la inquieta personalidad que lo caracteriza, concertó un encuentro con el jefe de producción del estudio y le aseguró con voz férrea que él era la persona indicada para tomar la dirección del proyecto. Así es como nació Violent Cop, su primera película como director donde asumió no solo el rol creativo, sino también el papel principal en la actuación. Tras el puntapié inicial, sus siguientes trabajos consolidaron su visión de autor, transitando entre el thriller criminal violento y la delicadeza de lo contemplativo. 
 
 
 
 
El punto de inflexión en su carrera estuvo marcado por el accidente que sufrió en agosto de 1994. El director conducía su moto borracho por las calles de Tokio, sobrepasando todo límite de velocidad, situación que lo llevó a impactar brutalmente contra un poste telefónico. Cuatro meses después, Kitano abandonaba el hospital con la mitad del rostro paralizado, cicatrices en la cara y un extraño tic en el ojo derecho, muletilla que ha sabido ocupar inteligentemente como marca registrada en las películas donde asume roles en la actuación. Después de aquella fatídica noche, el director jamás volvió a ser el mismo.   
 
El cine como herramienta autobiográfica 
 
Kids Return (キッズ・リターン, Kizzu Ritān) se estrenó en 1996. Kitano dirigió, escribió y montó la película, logrando plasmar su espíritu arraigado al fuerte tormento existencial al que se veía enfrentado en aquel momento. En el filme, Masaru y Shinji son dos amigos que abandonan la escuela para dedicarse a vivir el día a día bajo la inquisidora mirada de los profesores que, ven a los jóvenes pasearse en el patio del colegio con una estoica bicicleta que, bajo una perspectiva metafórica, es representada como un vehículo que ayuda a los jóvenes a liberarse de la fuerte presión que le imponen los adultos.
 
Para acentuar la idea, el director nos regala planos estáticos y melancólicos. En ellos, tenemos la oportunidad de ver a los compañeros de curso de Masaru y Shinji que, con una actitud cómplice, les miran riéndose de sus fechorías pero también, nos dejan en claro que les gustaría liberarse de las expectativas así como lo hacen nuestros protagonistas. Acá es donde radica la magia de Kitano. No hay necesidad de que los chicos de la clase hablen para decirnos que se sienten ahogados. Las imágenes lo dicen todo.  
 
 
 

 

La adolescencia está marcada por la búsqueda de lo significativo. Nuestros protagonistas se transforman en los típicos abusadores que arrinconan a su víctima, le roban el dinero y los despojan de su seguridad personal. La práctica se repite todos los días. En paralelo somos participes de como los jóvenes van realizando pequeños sketch de comedia, situación donde Kitano plasma una referencia directa a su carrera como humorista. La filmación parece algo atolondrada pero realmente es por intención del director. Las escenas se cortan cuando menos lo esperas para dar paso, en medio de la confusión, a nuevas situaciones que lejos de parecer inconexas, enriquecen el relato. El refrán dice que siempre hay alguien mejor que uno. Acá lo vemos plasmado. Llegó el día en que nuestros abusones se toparon con alguien más rudo que ellos y vaya que les causó conmoción. Se instala una necesidad en su pecho, la de ser reconocidos por algo, por alguien. 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La película se cocina a fuego lento. La intención es retratar lo cotidiano de nuestras protagonistas. Aunque pueda parecer algo aburrido según el cine efectista, este es un recurso clave del cine asiático que de la mano con su filosofía espiritual, buscan capturar la vida misma. La naturaleza humana más pura.

Un hecho puntual hace que nuestros protagonistas se separen. Pareciera que estamos viendo una mezcla de Tokyo Revengers con Hajime no Ippo. Mientras que uno decide buscar su valía en el mundo de la delicuencia (Yakuzas), el otro decide iniciar su carrera como boxeador. Marcado por lo hilarante, la crítica y sobre todo, por un ambiente sombrío, tanto Shinji como Masaru pareciera que solo consiguen alejarse el uno del otro pero como espectadores, somos cómplices en que si bien no están juntos físicamente, su espíritu bañado en ímpetu no hace más que acercarlos con fuerza. Comentarles más seria revelar el desenlace. Prefiero que ustedes vean y saquen sus conclusiones. 

 

 

Si quieren seguir viendo el cine de Kitano, recomiendo encarecidamente ver El verano de Kikujiro (Kikujiro no Natsu, 菊次郎の夏), una Road Movie enternecedora que dirigió después de Kids Return y proyecta el claro cambio de mentalidad que tuvo el director después del accidente. La película nos muestra el mundo bajo los ojos de un niño que en su viaje se ve acompañado de una serie de personajes cómicos que así como nos dibujan una sonrisa en el rostro, nos hacen reflexionar en lo efímera que es la existencia humana y de los vacías que se tornas nuestras aspiraciones cuando nos dejamos dominar por lo superficial. Quizás la reseñe más adelante, quien sabe. 
 

 

 

 
 
 
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