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Metropolis de Osamu Tezuka
"Cada época sueña con la siguiente" - Jules Michelet
Creativos de todo el mundo han visionado la sociedad del futuro a través de metáforas, largometrajes, libros, comics, etc. que de seguro haz tenido oportunidad de disfrutar durante tu vida académica (Por ejemplo, las novelas de Aldous Huxley, Julio Verne y Ray Bradbury). Japón se ha destacado por ir a la vanguardia en lo que a tramas de ciencia ficción respecta, regalándonos una serie de autores que han trascendido en el tiempo y por consecuencia, han influenciado desde nuevos artistas hasta adaptaciones que cobran vida en las películas.
 
 
 
Osamu Tezuka, apodado por los japoneses como el Dios del Manga (Manga no Kamisama), es el artista responsable de elevar al mundo del comic a un nuevo plano, dotando a las viñetas de un gran dinamismo y un guión intenso, profundo, interesante y altamente propositivo. Si tomamos como contexto la época en que Tezuka desarrollaba su obra (Entre 1950 y 1980 aproximadamente) nos sorprendería darnos cuenta que ficciona con temáticas tabú, como es el caso de la homosexualidad y la corrupción política en MW (1976), la ambición humana en la modesta Oda a Kirihito (1970) y los horrores de la guerra en la descarnada Adolf ni Tsugu (1982)
 
Personalmente, he pasado los últimos meses leyendo la obra de Osamu con dedicación. El descubrimiento de su trabajo ha sido como encontrar el One Piece del Manga (Lo siento, soy un fanático declarado de Eiichiro Oda). El asombro es constante y el nivel de reflexión que provoca es increíble. Mi inquietud se ha trasladado a consumir, volver a ver y averiguar tanto de su trabajo en el campo de la animación (con su ya desaparecido estudio Mushi Productions) como las películas y series de Anime que han adaptado sus obras, dejando su legado más vivo que nunca. Ayer, después de muchos años, volví a ver Metropolis y sentí que la película me gustó mucho más que la primera vez. Te invito a seguir leyendo para descubrir el porqué.
 
 
 
 
Todo comienza en las viñetas
 
En 1927, el director Fritz Lang estrenó Metropolis, película clave del cine expresionista alemán. La obra adaptaba la novela de su esposa Thea von Harbou que nos presenta una sociedad distópica donde los roces entre las élites gobernantes y los ciudadanos explotados por un régimen laboral despiadado, son el conflicto detonante a una pronta y sangrienta revolución. Fuera del impresionante apartado visual y estético, uno de los tópicos que más desarrolla la obra de Lang es la creación de vida artificial, sueño que aún persiste en la comunidad cientifica actual.
 
En 1949, Tezuka publicó su versión de Metropolis aprovechando un encargo de su editorial que le permitía una mayor extensión (160 páginas) y unos estándares de publicación más elevados que las revistas de la época. Pese a ser un gran aficionado del cine, Tezuka aseguraba no haber visto la película de Lang al momento de dibujar el Manga. Su inspiración brotó de algunas imágenes del robot María (personaje de la película alemana) publicadas en una revista que tuvo la oportunidad de leer. Es importante señalar que, si bien hay alcances de nombres y situaciones, tanto el filme de Lang como el Manga de Tezuka vuelan en direcciones totalmente distintas.
 
En el Manga, el/la protagonista es Michi (cuando aprieta un botón en su garganta cambia de género), un humano artificial creado por encargo del Barón Rojo (personaje recurrente en las obras de Tezuka), líder del Partido Rojo, que busca hacerse con el control de la futurista e hipertecnificada ciudad de Metropolis con el fin de conseguir la supremacía militar gracias al androide. 
 
Por aquel entonces, Tezuka se influenciaba por el grafismo de Walt Disney. El mangaka admitió su descontento al verse forzado a eliminar varias viñetas (ya dibujadas) para acogerse al formato solicitado por la editorial, situación que a mi juicio, genera una pérdida de continuidad y un uso desechable de personajes que entran y salen sin mayor justificación. Para ser honesto con ustedes, siento que el Manga tiene partes buenas pero si lo contrastamos con los trabajos que Tezuka publicó desde 1965 en adelante,  Metropolis puede resultar algo incipiente y carente de adultez. Si quieren comprar el Manga en formato físico, les recomiendo la edición de Glénat revisada por Tezuka Productions. La tengo en mi colección.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Adaptación al cine animado
 
Sinopsis: Ambientada en el futuro, Metrópolis es una grandiosa ciudad habitada por humanos y robots, miembros de una sociedad estrictamente segmentada. En medio del caos creado por facciones de robots, el detective Shunsaku Ban y su secuaz Kenichi buscan al rebelde científico el Dr. Laughton, para arrestarle y quitarle su última creación, Tima, una preciosa joven. Cuando les localizan, Shunsaku pronto se da cuenta que el excéntrico científico está muy lejos de su alcance, ya que le protege un hombre muy poderoso cuyo deseo más feroz es recuperar una trágica figura de su pasado.
 
 
 
El 2001 se estrenó la película de Metropolis en los cines de Japón. La cinta estuvo guionizada por Katsuhiro Ôtomo, mente maestra de Akira, Memories y Steamboy. La dirección corrió por parte de Rintaro, destacado en la industria de la animación gracias a películas como X-CLAMP (1996)Galaxy Express 999 (1979). En términos argumentales, el filme toma la base de los personajes de Tezuka, modifica sus roles en la historia y se da ciertas licencias al acerarse al trabajo de Fritz Lang. 
 
Como trasfondo, la trama adopta mayor profundidad que la propuesta en el Manga. El intertexto, presente en la película de comienzo a fin, juega con la barrera de lo real y lo ficticio, acercando la historia a problemáticas que vivimos como sujetos sociales, insertos en una comunidad que nos deteriora gracias al consumismo, la competencia y la imagen que queremos proyectar en los demás. El futuro distópico de Metropolis nos ofrece la historia de un grupo de ciudadanos, en su mayoría desempleados, cansados de verse minizados por la fuerza de trabajo de los robots (Cosa que ya nos pasa hoy con la creciente automatización de los procesos industriales). El gobierno, lejos de proponer una regularización, avala la competencia para mantener el conflicto humano/robot en carne viva.
 
 
 
Manifestaciones, revolución, muertes y paisajes decadentes se mezclan con la modernidad, la pomposidad y la luminosidad de los edificios. La animación es de una calidad abrumante y el diseño de los personajes es fiel al propuesto por Tezuka. Otro aspecto destacable recae en los diálogos que logran desnudar la naturaleza humana. Si bien albergamos bondad como también odio, la película busca dejarte en claro que la principal muestra de expresión emocional es la violencia. Que nuestros anhelos y ambición nos hacen perder nuestra condición de series pensantes, volviéndonos desalmados y fríos, casi como un engranaje de un motor que funciona sin descanso. (Recomiendo estar muy atento a los acontecimientos y dialogos entre personajes para un mayor disfrute).
 
La música tiene la responsabilidad de intensificar el drama, transitando desde el  Jazz refinado, usado para resaltar la pomposidad de las ciudades con grandes rascacielos, hasta el Jazz más disonante y veloz cuya misión es glorificar los momentos finales de la película. Al terminar el visionado es muy probable que se nos instale la siguiente pregunta: ¿Debemos destruir para volver a construir? Tenemos que seguir viviendo para averiguarlo.
 
 

 

Trailer de Metropolis (2001)

 

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