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Onibaba (1964), Kaneto Shindo.
Los demonios de la postguerra, el abandono y la sexualidad.

Sinopsis: "En el Japón feudal de entre guerras, una anciana y su nuera se ven obligadas a asesinar soldados moribundos para poder sobrevivir. Cuando descubren que el hijo de la anciana y el esposo de la joven ha fallecido en batalla ambas comienzan a ver, desde diferentes ángulos, las oportunidades y amenazas que trae un viejo conocido".

 

Hablar del cine japonés de terror requiere que nos fijemos por un momento en una de las películas más destacadas de la década de los 60s. Onibaba mezcla el terror rural, religioso y moral con los efectos sociales de la postguerra medieval en tiempos donde la incertidumbre era la ley y la inseguridad e inestabilidad de los gobiernos era la piedra de tope para el avance tanto tecnológico como político en las zonas campestres. En este sentido el guion (que también está escrito por su director Kaneto Shindo), logra dar en el clavo mezclando el terror propio de las figuras demoniacas que afligen y flagelan a las personas con el horror de ser y estar abandonado.

Vayamos por parte, el guión en esta película por una parte profundiza en el respeto casi congelante que se le tiene a la moralidad como un balance que eventualmente nos hará ascender al paraíso o descender hacia los infiernos, y por otro nos intenta hacer sentir empatía por una anciana enferma, de luto, abandonada y temerosa de la calidad de sus últimos años. El castigo que ella intenta infligirle a su nuera por irse con el amigo de su fallecido esposo es en primera instancia una forma de preservar el honor por la figura de su hijo muerto en batalla, pero también una forma de mantener a su nuera consigo y así evitar quedarse sola. La idea de darle espacio a lo nuevo sacrificando a lo viejo es en todo sentido lo más terrorífico para la anciana mientras que para la joven nuera dejar atrás a su fallecido esposo es una forma de lidiar con la muerte y el luto así como también de comenzar a forjar un futuro diferente y de cara a la próxima muerte de su suegra. No obstante, sus propia sexualidad es cuestionada por la moralidad de su suegra así como también por el recuerdo de su difunto esposo. ¿En qué punto del duelo nuestras necesidades humanas y nuestras propias ideas de felicidad se empañan con lo que otros creen? Aquella pregunta no busca ser respondida pero si ofrece un pincelazo al elemento que durante toda la historia ha intentado suplir la necesidad de respuesta: la religión. Como elemento castigador en este caso, pero también como una especie de regla moral que mide nuestras acciones. 

Si en lo escrito la película tiene un gran dinamismo respecto a lo que nos quiere decir y a su mensaje entre líneas en lo técnico también resulta impecable. Filmada en blanco y negro, más por una cuestión de imposición tecnológica de su época no se siente para nada limitada, sino que al contrario, la fotografía de Kiyomi Kuroda (Hadaka no Shima; Kokoro) hace uso magistral de su capacidad de controlar los balances de contraste entre los claros y oscuros y de un viñeteado que fortalece los elementos más dramáticos y angustiantes de su narración. La composición de los encuadres, sin embargo, es lo más destacable puesto que el paisaje rural es tanto ambiente como un elemento de la historia tan importante como si un personaje más se tratase, los juncos que configuran una barrera para la movilidad de sus personajes también son el signo inequívoco de la velocidad de los acontecimientos, ya que son los mantienen el ritmo al ser mecidos por las fuertes tormentas o los que se elevan impasibles en las tardes calurosas y asfixiantes.

La banda sonora conformada por una mezcla de sonido perfecta de los sonidos ambientales de la ruralidad y piezas musicales compuestas por Hikaru Hayashi (Kosatsu; Hokusai Manga) permiten que la inmersión de la película sea increíble junto a los cambios de velocidad de sus ritmos sonoros.

En definitiva: un imperdible tanto de su género como de la cinematografía Japonesa y universal. Exquisitamente bien filmada configura una experiencia audiovisual profundamente educativa respecto a los valores visuales y sonoros así como también presenta una historia a la cual se le puede desentrañar una cantidad sin igual de discusión y debate. Es además una cinta atemporal, puesto que en cualquier crisis humanitaria se puede ver esta misma situación, los abandonados aferrándose a cualquier elemento que les permita sobrevivir y satisfacer sus necesidades más humanas.

Ficha técnica:

Título: Onibaba.
Género: Drama, terror.
Duración: 102 minutos.
Dirección: Kaneto Shindo.
Año de estreno: 1964.

Por

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