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Sansho The Bailiff (1954), Kenji Mizoguchi
El arrollador talento emocional del maestro Mizoguchi

Sinopsis: Tamaki viaja a través del Japón con sus dos hijos, Zushiô y Anju. Regresan a su pueblo natal tras muchos años, y recuerdan el momento en el que tuvieron que partir. Su padre, gobernador del pueblo, cayó en desgracia por su trato justo hacia los campesinos. Durante ese camino van recordando las enseñanzas de su padre: los hombres son iguales y hay que apiadarse hasta de los enemigos.

Esta una de las películas fundamentales del cine japonés. Es una de las obras más importantes del cine del siglo pasado a nivel universal y, hasta hoy, ha envejecido sin perjuicio alguno. Se plantea como una película dramática, cruda y triste pero también muy emocionante. En esta historia se nos recuerda lo cruel e inhumano que puede ser la concentración del poder que deshumaniza a las personas que plantea una distancia inquebrantable entre la persona que está arriba de la jerarquía social y las personas que sirven a esa autoridad, sin embargo, también es un llamado a recordar una máxima japonesa que nos dice que hay que siempre amable, ser siempre correcto, siempre tomar el camino honorable sin importar quien está al frente tuyo. Es una esas historias en la que tienes que entender que el bien se hace sin mirar a quien, comprender que la bondad no depende del otro, sino que es un principio que nace de tu propia iniciativa, de vuestra propia voluntad.

Difícilmente se puede encontrar una película que combine tan bien lo técnico con el elemento humano y que logre transmitirlo de manera tan certera y emotiva. Su guion, firmado por Fuji Yahiro y Yoshikata Yoda a partir de una historia corta de Ogai Mori busca responder a uno de los cuestionamientos más antiguos y profundos: ¿Qué significa ser humano? Cuál es el fundamento de nuestra relación con otras personas. Y la respuesta la plantea diciéndonos que lo que importa es la bondad, la bondad como principio sin estar atada a la reciprocidad y salvándose de la adversidad. A nivel cinematográfico la cinta nos plantea como un espectador híper cercano a la acción mediante los más que acertados ángulos y posicionamientos de cámara lo que nos deja al límite de la acción, pero a la misma vez impotentes frente al trágico y fatalista destino de sus personajes. Respecto a esto las actuaciones se desarrollan con un nivel de compromiso con sus personajes que nos transmiten de manera perfecta las emociones y convicciones de la trama.

¿Por qué si la gente sabe las penurias y el infierno que sufren los oprimidos nadie hace nada? Es uno de los cuestionamientos que nos deja esta historia. Una duda que nos debe resonar en la consciencia puesto que es una complejidad social que se repite en todas las culturas de todos los países y desde hace cientos de años.

En su apartado técnico la película destaca en todos sus aspectos, siendo uno de los primeros el gran guión, tan trágico como bello. La dirección de Kenji Mizoguchi la arma como una película seria, llevando al drama a un punto muy álgido sin caer en el melodrama ni en la ridiculización. Su fotografía en blanco y negro, tan característica de su la época, refleja muy bien todo Japón feudal y los diferentes escenarios que se potencian enormemente con un diseño de producción que no deja nada al azar. Los decorados representan muy firmemente el momento histórico y los sets tienen grado de detalle que logra la inmersión del espectador y el actor. La banda sonora no se queda atrás y nos cautiva con momentos sonoros y piezas muy emotivos y desesperantes donde la rabia se expresa con una música muy potente, pero sin dejar en ningún solo momento el aspecto folclórico

En definitiva: Una oda a la idiosincrasia idealista de Japón, a las virtudes emocionales del carácter honorifico y a la bondad que las generaciones que ya van en retirada nos quieren inculcar. Una oda a lo que el cine tenia como objetivo en sus inicios: transmitirnos emociones y movilizarnos hacia un objetivo común. Un recordatorio imborrable de que el cine no nos puede terminar por resultar indiferente puesto que es el reflejo innegable de nuestra sociedad. Hoy, a poco menos de 70 años de su estreno, su trama resulta tan vigente como en su contexto feudal. 

Ficha Técnica: 
Título: Sansho The Bailiff (山椒大夫 / Sanshô dayû)
Drama, Historico
120 minutos
Dirección: Kenji Mizoguchi.
Año de estreno: 1954.

 

Por

Chuchu lovely munimuni muramura,
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