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Tokyo! (2008)
Tres directores dan vida a su visión personal del Japón moderno
Tokyo! (2008) es una película que se configura bajo la mirada de tres directores que, sin tranzar su propia forma de hacer cine, buscan retratar la visión que tienen de los japoneses, sus costumbres, pensamientos e inclinaciones. 
 
El metraje está dividido en tres historias. En la cinta aúnan fuerzas el director francés Michael Gondry, conocido en el medio por dirigir la dolorosa (y punitiva) Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos en Hispanoamérica) además de una serie de vídeos musicales para famosos proyectos a nivel mundial, tales como: Björk, Massive Attack, Daft Punk, Beck, Radiohead, Foo Fighters, The White Stripes, etc. Si te llama la atención este apartado y quieres ir más allá, te dejo esta Playlist en YouTube con todo el trabajo de Gondry.  El segundo en la lista es su compatriota, Léos Carax, del que honestamente no he visto ningún film (y a mi juicio, el de perfil más bajo en cuanto a éxito) pero espero algún día poder hacerlo. Ustedes comprenderán, hay tanto que ver pero los días se hacen tan cortos.
 
La tríada creativa termina con el surcoreano Bong Jon-Hoo que en el 2020, después de ganar los Oscars en la categoría de Best Director y Best Picture con Parasite, ha sabido destacar su mensaje de inclusión cultural dentro del hermético cine Norteamericano que hoy en día, tiene la mirada puesta en las producciones coreanas. Minari y el triunfo de la actriz Youn Yuh-Jung (73 años) en la categoría Best Supporting Actress de los Oscars de este año, es un claro ejemplo de ello. 
 
 

 
1era Parte: Interior Design de Michel Gondry
 
Una pareja llega a Tokio con la intención de aventurarse y proponerse nuevos desafíos. Pareciera que la ciudad, sobrepoblada y despersonalizada, les dijera en sus caras que no tienen cabida allí. Les alberga una ex compañera de Instituto que, desde que la conocemos, notamos cierta incomodidad referente a que la pareja este alojándose en su hogar. Y es que claro, las escenas transcurren en un departamento pequeño del que a nosotros, como espectadores, nos cuesta encontrar algún atisbo de orden, luz y espacio. En este contexto, arrimados en un espacio milimétrico, mientras las escenas se acompañan de conversaciones nocturnas, el protagonista revela la intención de hacer una carrera como cineasta como principal motivo de mudanza a la capital del país. 
 
El realismo mágico se apodera del relato. Gondry (de manera algo torpe, tal vez) nos da a entender que la protagonista ya no es el eje central del relato, sino más bien, es su novio que busca estrenar su película.  Con el correr de los fotogramas (saturados y granulados), somos testigos de cómo la susodicha película se proyecta en un cine de mala muerte (una mezcla entre cine porno y cine de clase B). Al terminar la función, marcada por el humo y los anacrónicos comensales, experimentamos como el director se burla del protagonista al retratarlo como alguien pretencioso, infantil, ególatra y de juicio sesgado. La historia avanza en medio de representaciones simbólicas (que mucho me recuerdan al vídeo de Knives Out de Radiohead), para decantar en una crítica a la sociedad japonesa y la invisibilización de la que son participes ciertas personas, denunciando cómo en una realidad dominada por la técnica y la tecnología, la ciudad Tokio se alza como una metáfora donde no eres nadie o no vales nada si no tienes una finalidad práctica.
 
 

 

 
2da Parte: Merde de Léox Carax
 
Desde el primer minuto, Merde (literalmente, mierda), nos da a entender que estamos frente a un ejercicio filmográfico extraño, hilarante y sombrío. El segundo director aprovecha más los espacios, haciendo uso de la luz natural y las calles de Tokio para potenciar tanto el relato como la magnánima arquitectura japonesa. La historia se centra en un “terrorista” que al salir de las alcantarillas, siembra el terror (y el asco) tanto por su aspecto, como por su caminar deambulante, percibiéndose entre los japoneses como un monstruo (por ejemplo, Gojira) que recorre las calles destruyéndolo todo.
 
Puede que a medida pasen las escenas nos veamos victimas del desconcierto. Es imposible quedar indiferentes frente a esta especie de humano que encuentra en las cloacas, su morada. En palabras de un artículo que encontré: Lo mejor de Merde es el humor negro, cínico y satírico que se gasta Léos Carax destacando las divertidas intervenciones de los nipones describiendo al monstruo de las alcantarillas para la televisión. No podría estar más de acuerdo.
 
Resumiendo, la belleza del relato incide en el acto acusatorio, remarcando a la xenofobia y el nacionalismo como enfermedades sociales modernas que en vez de ayudarnos a comprender y empatizar, nos despersonalizan y reducen el espectro de lo que conocemos y la reticencia de lo que tenemos por conocer. Japón no es la excepción.
 
 
 
3era Parte: Shaking Tokyo de Bong Jon-Hoo 
 
Seré franco con ustedes, para mí Bong Jon-Hoo es un genio que desprende un talento increíble como una visión exquisita (y unificadora) de la configuración del lenguaje cinematográfico. Si algún día pueden, háganse el favor de ver toda su filmografía. No se van a arrepentir. 
 
De las tres partes, Shaking Tokyo es mi favorita. Podría verla mil veces y jamás me cansaría. El relato se hace valer del estereotipo del Hikikomori (ひきこもり), definido en el corto como: Vocablo japonés con el que se designa a aquellos individuos que voluntariamente abandonan la vida social, llegando a menudo a alcanzar grados extremos de aislamiento y confinamiento. Para expandir más nuestro conocimiento (y disfrute) del Hikikomori recomiendo ver la serie de 24 capitulos, NHK ni Yōkoso! (N・H・Kにようこそ!) producida por Gonzo y emitida durante el año 2006. Seguimos por segundo año consecutivo en este infierno llamado pandemia. En contexto de encierro es difícil no ponerse en el lugar del protagonista que luego de 10  años se ve forzado a abandonar la comodidad de su hogar para seguir al instinto humano más básico, cediendo (y aceptando) la importancia de la piel, del afecto, de una conversación desinteresada. Imaginense ustedes lo mucho que al protagonista le cuesta pararse frente a los demás para que lo ayuden a encontrar una dirección. Imaginense, teniendo en cuenta que a nosotros en nuestro encierro ya nos cuesta convivir con nosotros mismos y sobre todo, con el cómo nos relacionamos con el resto, olvidando toda herramienta social que habíamos afilado con el correr de los años de vida.
 
El director, a partir de dicha disfunción social, se sirve de la agorafobia en clave de fábula futurista y distópica para hablarnos de la individualidad patológica, compartiendo similar preocupación a la del director nipón Kiyoshi Kurosawa en Kairo (2001) y Bright Future (2004). La diferencia radica en la intención y la forma en que el cine se revela a nuestros ojos, encontrando en el relato de Bong Jon-Hoo, la ternura y ligereza necesarias para abordar una problemática creciente en los japoneses. Finalmente, somos quienes somos gracias al amor que recibimos y entregamos en nuestra vida. Aunque parezca algo cursi (lo del amor como Leitmotiv), Jon-Hoo maneja a la perfección el tránsito de géneros cinematográficos con una naturalidad apabullante. Ejemplo de esto es Parasite,una completa obra maestra que descansa en la comedia negra para decantar en una fuerte crítica social que sumada a un Suspense bien trabajado, crean la vorágine narrativa que nos tiene sentados en completo hipnotismo hasta el final de la película. 
 
Esta vez el peso de la metáfora cae en el terremoto como fenómeno natural y recurrente (tomando en cuenta el histórico de sismos de los Japoneses), asemejando a la catástrofe con el enamorarse de alguien. Y es que cuando te enamoras y quieres a alguien en tu vida, todo lo que habías conocido, todos tus parámetros y esquemas caen al suelo como consecuencia del remezón que destruye todo a su paso pero que a la vez te deja con una sensación de que puedes volver a comenzar, de que puedes volver a vivir.
 
 

 

 
Conclusión
 
Tokyo! (2008) es un ejercicio interpretativo que a través de imágenes y tomas algo desgarbadas, sucias y muy saturadas, nos demuestra la visión de tres directores foráneos que ensalzan y critican a Japón desde su vereda. Si eres fan de todo lo japonés, de seguro la vas a disfrutar. También estoy consciente en que encontrarás reparos del cómo se abordan ciertos aspectos pero ¿sabes?, da igual. Acá no se busca complacerte y pegarte una palmada en el hombro. Acá lo que se quiere es sacudir tu cabeza y la percepción que tienes del país para que lo dejes de “romantizar” tanto. Japón tiene problemas sociales muy arraigados (¿Por qué crees que hay tantos suicidos?) que si bien son muy distintos a la precariedad, la corrupción y calidad de vida paupérrima de Latinoamerica, tampoco podemos hacer vista gorda de ello. La vida no es un Anime. La vida cuesta. La vida es dura. La vida duele. Y aun así, nos levantamos cada mañana hambrientos de vivirla porque cada día tenemos la oportunidad de enfrentarnos a un terremoto que fuera de desestabilizarnos, puede llevarnos a un nuevo camino. Un nuevo comienzo.

 

 

 
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